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	<title>Psicología Social Aplicada &#8211; Monika Gornisiewicz</title>
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	<description>Monika Gornisiewicz &#124; Mentoría profesional, gestión de proyectos, análisis de datos y toma de decisiones. Socióloga en formación con visión estratégica y humana.</description>
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	<title>Psicología Social Aplicada &#8211; Monika Gornisiewicz</title>
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		<title>La influencia del grupo</title>
		<link>https://gornisiewicz.com/psicologia-social-aplicada/la-influencia-del-grupo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Monika]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Jul 2025 16:35:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Psicología Social Aplicada]]></category>
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					<description><![CDATA[La influencia del grupo en la conducta: roles, poder y comportamiento colectivo El comportamiento individual no ocurre en el vacío. Está moldeado, condicionado e incluso transformado por el contexto social en el que se produce. En especial, los grupos tienen un impacto profundo en cómo actuamos, decidimos y nos posicionamos. Esta interacción entre lo individual&#8230;&#160;<a href="https://gornisiewicz.com/psicologia-social-aplicada/la-influencia-del-grupo/" rel="bookmark"><span class="screen-reader-text">La influencia del grupo</span></a>]]></description>
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<h2 class="wp-block-heading">La influencia del grupo en la conducta: roles, poder y comportamiento colectivo</h2>



<p>El comportamiento individual no ocurre en el vacío. Está moldeado, condicionado e incluso transformado por el contexto social en el que se produce. En especial, <strong>los grupos tienen un impacto profundo en cómo actuamos, decidimos y nos posicionamos</strong>. Esta interacción entre lo individual y lo colectivo es una de las claves para comprender tanto las dinámicas sociales como las organizacionales.</p>



<p>Un caso emblemático que ilustra esta relación es el <strong>experimento de la Prisión de Stanford</strong>, llevado a cabo en 1971 por el psicólogo social <strong>Philip Zimbardo</strong>. Aunque ha sido ampliamente debatido por sus implicaciones éticas, este estudio sigue siendo una fuente de reflexión potente sobre cómo <strong>los roles sociales y las expectativas colectivas pueden alterar la conducta humana en muy poco tiempo</strong>.</p>



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<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<h3 class="wp-block-heading">El experimento: cuando el rol supera a la persona</h3>



<p>Zimbardo reclutó a un grupo de estudiantes universitarios para participar en una simulación de prisión. Los participantes fueron asignados aleatoriamente al rol de «guardias» o «prisioneros», y se les pidió que actuaran en consecuencia durante dos semanas. El experimento, sin embargo, <strong>fue interrumpido a los seis días</strong> debido a la escalada de comportamientos abusivos, humillantes y peligrosos por parte de los guardias, así como al deterioro emocional y físico de los prisioneros.</p>



<p>Lo más impactante no fue solo la brutalidad observada, sino la rapidez con la que los participantes <strong>asumieron sus roles hasta el punto de interiorizarlos</strong>, olvidando que estaban actuando dentro de una simulación. El experimento mostró cómo <strong>el contexto y las expectativas sociales pueden transformar la percepción y conducta de personas completamente normales</strong>.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Lo individual se diluye en lo colectivo</h3>



<p>El comportamiento de los «guardias» y los «prisioneros» no puede explicarse únicamente desde lo individual. Lo que emergió fue <strong>un sistema</strong>, una dinámica grupal alimentada por símbolos de poder, normas implícitas, presión social y ausencia de límites externos.</p>



<p>Este tipo de fenómeno se observa también en ambientes profesionales:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Cuando un rol jerárquico concede poder informal que se convierte en control o abuso.</li>



<li>Cuando las personas dejan de actuar por principios y lo hacen “porque es lo que se espera del puesto”.</li>



<li>Cuando las dinámicas de grupo justifican comportamientos que individualmente no se sostendrían.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">Aplicación al mundo organizacional</h3>



<p>Las empresas, los equipos y los proyectos son <strong>microsistemas sociales</strong> donde las personas ocupan roles explícitos (puestos) e implícitos (figuras de influencia, referentes informales, etc.). En estos espacios, es frecuente que el grupo ejerza una presión que modifique la conducta individual, especialmente cuando hay dinámicas de poder poco revisadas.</p>



<p>El experimento de Stanford nos alerta de varios riesgos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>La naturalización del abuso de poder</strong> cuando no se establecen límites o códigos éticos claros.</li>



<li><strong>La despersonalización del otro</strong> cuando se aplican etiquetas (cliente difícil, trabajador conflictivo, etc.).</li>



<li><strong>La delegación moral</strong>: nadie se responsabiliza porque todos siguen “lo que toca”.</li>
</ul>



<p>Estas dinámicas no son ficción. Se dan en ambientes reales donde la cultura corporativa se convierte en una fuerza de inercia difícil de cuestionar si no se promueve la conciencia crítica.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Qué hacer con este conocimiento?</h3>



<p>Si entendemos que el entorno puede amplificar o neutralizar comportamientos, debemos intervenir sobre él. Algunas líneas de actuación posibles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Diseñar culturas laborales conscientes</strong>, donde se hable abiertamente del rol, el poder y la responsabilidad.</li>



<li><strong>Formar en pensamiento crítico y ética organizacional</strong>, no solo en habilidades técnicas.</li>



<li><strong>Observar los sistemas</strong>, no solo los individuos. El problema rara vez es una “manzana podrida”; muchas veces es el cesto.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">Reflexión final</h3>



<p>La influencia del grupo sobre la conducta individual no es ni buena ni mala en sí misma. Todo depende de cómo se construyan los marcos de relación, las expectativas y los límites. Lo que el experimento de Stanford nos recuerda, décadas después, es que <strong>nadie está exento de la influencia del rol o del grupo</strong>. Por eso, cuestionar el contexto es parte fundamental del cambio.</p>



<p>¿Te has encontrado en situaciones donde tu rol o el de otros alteraba visiblemente la forma de actuar? Si te apetece compartir tu experiencia, puedes escribirme desde el formulario de contacto:</p>



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</div>



<p></p>
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			</item>
		<item>
		<title>La presión social y sus efectos silenciosos en la toma de decisiones</title>
		<link>https://gornisiewicz.com/psicologia-social-aplicada/la-presion-social-y-sus-efectos-silenciosos-en-la-toma-de-decisiones/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Monika]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Jul 2025 16:00:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Psicología Social Aplicada]]></category>
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					<description><![CDATA[En el día a día de cualquier organización, muchas decisiones se toman en grupo. Sin embargo, no siempre lo que se decide colectivamente es lo más acertado. La presión social, un fenómeno ampliamente estudiado en la psicología social, puede influir silenciosamente en nuestras decisiones, llevándonos a conformarnos con la mayoría, incluso cuando percibimos que está&#8230;&#160;<a href="https://gornisiewicz.com/psicologia-social-aplicada/la-presion-social-y-sus-efectos-silenciosos-en-la-toma-de-decisiones/" rel="bookmark"><span class="screen-reader-text">La presión social y sus efectos silenciosos en la toma de decisiones</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>En el día a día de cualquier organización, muchas decisiones se toman en grupo. Sin embargo, no siempre lo que se decide colectivamente es lo más acertado. La presión social, un fenómeno ampliamente estudiado en la psicología social, puede influir silenciosamente en nuestras decisiones, llevándonos a conformarnos con la mayoría, incluso cuando percibimos que está equivocada. Entender cómo funciona este mecanismo en contextos cotidianos, especialmente en el entorno profesional, es clave para construir culturas más libres, críticas y responsables.</p>



<p>Uno de los experimentos más conocidos en psicología social es el de Solomon Asch, que demuestra cómo las normas sociales pueden influir en nuestras decisiones, incluso cuando sabemos que el grupo está equivocado.</p>



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<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="1024" height="1024" data-id="208" src="https://ml8h6zqesbgx.i.optimole.com/w:auto/h:auto/q:mauto/ig:avif/https://gornisiewicz.com/wp-content/uploads/2025/07/Articulo-Presion-Social-1.png" alt="" class="wp-image-208" srcset="https://ml8h6zqesbgx.i.optimole.com/w:1024/h:1024/q:mauto/ig:avif/https://gornisiewicz.com/wp-content/uploads/2025/07/Articulo-Presion-Social-1.png 1024w, https://ml8h6zqesbgx.i.optimole.com/w:300/h:300/q:mauto/ig:avif/https://gornisiewicz.com/wp-content/uploads/2025/07/Articulo-Presion-Social-1.png 300w, https://ml8h6zqesbgx.i.optimole.com/w:150/h:150/q:mauto/ig:avif/https://gornisiewicz.com/wp-content/uploads/2025/07/Articulo-Presion-Social-1.png 150w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<h3 class="wp-block-heading">¿Qué ocurrió en el experimento del ascensor?</h3>



<p>En una versión conocida del experimento, varios cómplices del investigador entraban a un ascensor junto al participante real. Todos los cómplices, en lugar de mirar hacia la puerta, se giraban y miraban hacia una esquina. El participante, al ver ese comportamiento colectivo, también acababa imitándolo, aunque no tuviera sentido.</p>



<p>Este pequeño gesto muestra con claridad el poder que puede tener el grupo sobre la conducta individual. No se trata de lógica, sino de adaptación social. En situaciones ambiguas, nos guiamos por lo que hacen los demás, incluso si eso contradice nuestro criterio.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Y si lo que está en juego es una decisión importante?</h3>



<p>En la versión más formal del experimento, Asch reunió a grupos de ocho personas. Solo una era realmente participante. Se les mostraban dos tarjetas: una con una línea y otra con tres líneas de diferentes longitudes. Debían elegir cuál de las tres coincidía con la primera.</p>



<p>Los cómplices del investigador, instruidos para dar respuestas erróneas, respondían primero. El objetivo era observar si el participante real se mantenía en su criterio o se adaptaba a la respuesta del grupo.</p>



<p>Los resultados fueron claros: alrededor del 75 % de los participantes dio al menos una respuesta incorrecta, a pesar de saber que era equivocada. Un 37 % se dejó influir de forma reiterada por la presión del grupo.</p>



<p>Este experimento ha sido replicado en distintos contextos culturales y generaciones, y los resultados tienden a mantenerse: la conformidad es una constante humana, aunque sus formas cambien.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Aplicación al entorno profesional</h3>



<p>Este fenómeno no se limita a los laboratorios. También ocurre en entornos de trabajo. La presión social en las organizaciones adopta formas más sutiles, pero igual de efectivas.</p>



<p>Por ejemplo:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>En reuniones donde todos asienten ante una propuesta, aunque nadie esté realmente convencido.</li>



<li>Cuando se evita cuestionar decisiones del liderazgo por miedo a parecer problemático.</li>



<li>Cuando las personas se limitan a repetir lo que ya se ha dicho para no destacar ni incomodar.</li>
</ul>



<p>En el mundo profesional, la conformidad puede disfrazarse de alineamiento, eficiencia o trabajo en equipo, aunque en realidad esté frenando la crítica constructiva y la toma de decisiones informada. La presión por no desentonar puede llevar a la autocensura, a la pasividad o incluso a decisiones de grupo poco éticas o ineficaces.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Lecciones clave</h3>



<p>El experimento de Asch nos recuerda que el deseo de encajar y evitar el conflicto puede tener más peso que el juicio propio. En contextos laborales, esto puede traducirse en errores estratégicos, falta de innovación o silencios incómodos frente a problemas evidentes.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Cómo reducir este efecto en organizaciones</h3>



<ul class="wp-block-list">
<li>Promover una cultura donde disentir no se penalice, sino que se valore como parte del pensamiento crítico.</li>



<li>Establecer dinámicas en las reuniones que den espacio a todas las voces, no solo a las más visibles.</li>



<li>Validar públicamente las opiniones divergentes, aunque no se compartan.</li>



<li>Separar el momento de discusión del de decisión, para evitar presiones de grupo inmediatas.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">Reflexión final</h3>



<p>El experimento de Asch sigue siendo actual porque nos invita a revisar cómo tomamos decisiones en grupo. ¿Tomamos realmente la mejor decisión o simplemente la más cómoda?</p>



<p>¿Te has encontrado con situaciones así en tu entorno profesional? Me encantaría conocer tu experiencia. Puedes escribirme desde el formulario de contacto:<br></p>



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</div>
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			</item>
		<item>
		<title>Efecto Espectador</title>
		<link>https://gornisiewicz.com/psicologia-social-aplicada/efecto-espectador/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Monika]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Jul 2025 15:50:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Psicología Social Aplicada]]></category>
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					<description><![CDATA[El efecto espectador: ¿por qué no intervenimos (tampoco en el trabajo)? El trágico asesinato de Kitty Genovese en Nueva York, en 1964, se convirtió en uno de los casos más citados por la psicología social. Según los informes iniciales, 38 personas presenciaron el ataque sin intervenir. Años después se descubrió que muchos de los detalles&#8230;&#160;<a href="https://gornisiewicz.com/psicologia-social-aplicada/efecto-espectador/" rel="bookmark"><span class="screen-reader-text">Efecto Espectador</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading">El efecto espectador: ¿por qué no intervenimos (tampoco en el trabajo)?</h2>



<p>El trágico asesinato de Kitty Genovese en Nueva York, en 1964, se convirtió en uno de los casos más citados por la psicología social. Según los informes iniciales, 38 personas presenciaron el ataque sin intervenir. Años después se descubrió que muchos de los detalles estaban distorsionados, pero el caso sigue siendo emblemático para ilustrar un fenómeno muy real: <strong>el efecto espectador</strong>, también conocido como <strong>apatía del testigo</strong>.</p>



<p>Este efecto revela una tendencia humana inquietante: cuando presenciamos una situación de emergencia rodeados de otras personas, <strong>tenemos menos probabilidades de actuar</strong>. No porque no sepamos qué hacer, sino porque suponemos que alguien más lo hará.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="1024" data-id="209" src="https://ml8h6zqesbgx.i.optimole.com/w:auto/h:auto/q:mauto/ig:avif/https://gornisiewicz.com/wp-content/uploads/2025/07/Articulo-Efecto.Espectador.png" alt="" class="wp-image-209" srcset="https://ml8h6zqesbgx.i.optimole.com/w:1024/h:1024/q:mauto/ig:avif/https://gornisiewicz.com/wp-content/uploads/2025/07/Articulo-Efecto.Espectador.png 1024w, https://ml8h6zqesbgx.i.optimole.com/w:300/h:300/q:mauto/ig:avif/https://gornisiewicz.com/wp-content/uploads/2025/07/Articulo-Efecto.Espectador.png 300w, https://ml8h6zqesbgx.i.optimole.com/w:150/h:150/q:mauto/ig:avif/https://gornisiewicz.com/wp-content/uploads/2025/07/Articulo-Efecto.Espectador.png 150w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</figure>



<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<h3 class="wp-block-heading">¿Qué es exactamente el efecto espectador?</h3>



<p>El efecto espectador es un fenómeno psicológico ampliamente documentado que describe la <strong>tendencia de los individuos a no intervenir en situaciones críticas cuando hay otras personas presentes</strong>. La responsabilidad se difumina: si hay más testigos, cada uno se siente menos obligado a actuar.</p>



<p>Este efecto está relacionado con dos mecanismos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Difusión de la responsabilidad</strong>: todos piensan que otra persona se encargará.</li>



<li><strong>Presión social o validación pasiva</strong>: si nadie más actúa, tendemos a asumir que no es necesario hacerlo.</li>
</ul>



<p>Paradójicamente, tener muchas personas alrededor no garantiza ayuda. De hecho, a veces, <strong>reducen las posibilidades de que alguien actúe</strong>.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Un experimento clave</h3>



<p>En la década de 1960, el psicólogo Philip Zimbardo y su equipo simularon una emergencia. Un actor fingía un ataque epiléptico mientras participaban otras personas en la misma sala. Los resultados fueron claros: <strong>cuantas más personas había, menos probable era que alguien interviniera rápidamente</strong>.</p>



<p>Este experimento se convirtió en una prueba clave del efecto espectador. Desde entonces, se han realizado muchos otros estudios que confirman cómo el comportamiento de grupo puede paralizar la acción individual, incluso en situaciones urgentes.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Qué tiene que ver esto con el mundo del trabajo?</h3>



<p>Mucho. En entornos profesionales, este fenómeno ocurre a menudo, aunque con otras formas y consecuencias. La inacción no siempre se produce ante una emergencia física, pero sí ante errores evidentes, injusticias internas, decisiones dudosas o dinámicas tóxicas.</p>



<p>Ejemplos habituales:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un error en una reunión que nadie corrige por no contrariar al jefe.</li>



<li>Silencio ante la sobrecarga de un compañero porque “no es mi responsabilidad”.</li>



<li>Comentarios inadecuados que se normalizan porque “así es el ambiente”.</li>



<li>Falta de respuesta ante señales de burnout o conflictos no resueltos.</li>
</ul>



<p>La organización funciona entonces como un escenario donde <strong>todos ven lo mismo, pero nadie actúa</strong>. El grupo, en lugar de impulsar, bloquea. Las jerarquías y las estructuras complejas pueden acentuar este efecto, diluyendo aún más la responsabilidad individual.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Qué podemos hacer?</h3>



<p>Conocer este fenómeno nos da herramientas para enfrentarlo. Algunas medidas útiles en contextos laborales:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Fomentar la <strong>responsabilidad personal</strong> en entornos colectivos.</li>



<li>Diseñar espacios de trabajo donde intervenir no sea visto como un problema, sino como una muestra de compromiso.</li>



<li>Establecer canales de alerta o mediación sin miedo a represalias.</li>



<li>Formar en inteligencia colectiva y en toma de decisiones compartida, donde <strong>todos cuentan, y todos actúan</strong>.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">Lecciones para las organizaciones</h3>



<p>Las empresas y equipos que reconocen este tipo de dinámicas pueden transformar su cultura. No se trata solo de eficiencia, sino de humanidad: generar contextos donde nadie mire hacia otro lado, donde intervenir esté normalizado, y donde el compromiso no dependa del número de personas presentes.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Reflexión final</h3>



<p>El efecto espectador no es una rareza. Es una parte del comportamiento humano. Pero se puede contrarrestar si se reconoce y se trabaja conscientemente. En un entorno profesional, entender cómo actuamos como grupo puede marcar la diferencia entre una organización que <strong>observa</strong> y una que <strong>actúa</strong>.</p>



<p>¿Has vivido algo parecido en tu entorno laboral? Si te apetece compartirlo, puedes escribirme desde el formulario de contacto:</p>



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</div>



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